jueves, marzo 24, 2011

INSTRUCCIONES PARA ESCRIBIR UN POEMA DE AMOR GAY

Instrucciones para escribir un poema de amor gay

por Fernando Flores


Primero que nada necesitas una hoja blanca de papel, solo una, no necesitas más, el poema de hoy será muy corto, cortísimo. Una pluma de tinta negra, está prohibido el uso de lápiz, goma y corrector. El ejercicio puedes hacerlo en la comodidad de tu hogar o en un parque debajo de la sobra fresca de un árbol. Se te recomienda los cafés anónimos de la ciudad pues cuando escribes en un café te llega la sensación de que estás arreglando el mundo.

Pon la hoja en la mesa o escritorio o ponla junto a ti en la banca del parque, a un lado coloca la pluma en un ángulo descabellado, inaudito, bizarro. Si estás en el parque cruza la pierna. Si estás en casa suspira. Si estás en un café mira si hay alguien en las otras mesas que esté haciendo lo mismo que tú, si hay alguien más que está escribiendo un poema en el café, sal de inmediato, corre, el equilibrio del mundo estará en peligro. Regresa al siguiente día, y si el poeta del día anterior continua sentado escribiendo un poema, haz una pistola con tu pluma y mátalo.

Toma la pluma, mira la hoja, después mira si sale humo de tu café, o si hay algún árbol conocido en el parque, mira si hay hojas secas cerca de ti. Si las hay, toma tus cosas y vete a otro parque. Deja la pluma de nuevo junto la hoja. Piensa en él, ubica su rostro y su sexo al mismo tiempo, piensa en aquella vez que no te gustó el beso, en que la caricia te dio asco, en que te dijo “yo también” cuando tú le dijiste “te amo”.

Mira la pluma, tómala, engaña a tu mente y haz el intento de escribir la primer palabra, pero atención, no lo hagas, esa palabra que estás pensando en escribir no es la indicada. Un buen poema no empieza con “Tus ojos...” o “Ayer...” o “Recuerdo...”. Esos son lugares comunes que no te llevarán a ningún lado y por si fuera poco Villaurrutia, Cavafis y Lorca estarán retorciéndose en su tumba al saber que tú estás intentando escribir un poema que empieza con “Tus ojos...”

Deja la pluma, sorbe un poco de café, quémate la lengua, quemate el alma con el café, con las palabras que él nunca dijo y que quisiste escuchar algún día, eso que te llenó de un odio perro hacia él. Recuerda la quemazón de tu lengua cuando recorriste su glande. Haz un gesto de incendio en tu boca. ¿Fumas? Saca pues un cigarrillo y fuma un poco, piensa en palabras extrañas como “cloaca”, “mansedumbre “, periplo”, “adyacente” “abyecto” mientras sacas el humo de tu boca, elige una, la que menos te guste, ahora sí, anda, toma la pluma, rápido, qué putas esperas, escríbela antes de que se te olvide, antes de que un temblor de tierra interrumpa tu proceso creativo, antes de que la mesera te diga que cerrarán el café porque la radiación de Japón está a punto de llegar a la ciudad, antes de que suene el teléfono en tu casa y el mundo se incline un grado más. Bien, muy bien, buen chico, eres rápido eh. Deja la pluma, por el momento no la necesitaremos. Descansa. Piensa en otras cosas por un par de minutos. Hazte una chaqueta mental por mientras. Eyacula, desestrezate.

No se te ocurra mirar la palabra escrita, piensa en otra cosa, en sus piernas, de él por supuesto, sus pies, no pienses en sus ojos, ni en su boca, ni es sus manos, eso es muy trillado. Piensa en sus dientes, ¿recuerdas como eran sus dientes? Piensa en su lengua, en la planta de sus pies, en sus oídos, ¿sabes a qué saben sus orejas? ¿las lamiste alguna noche? ¿Te gustaba su glande? piensa en su escroto, en su ano, en el olor que despedían ambos cuando se penetraban, cuando se llenaban de semen escurriente. Bien, muy bien, eres un chico intrépido e imaginativo, eso es bueno para este tipo de ejercicios.

Ahora olvida todo lo anterior, TODO, eso de las penetradas y el semen solo fue regodeo mío porque soy un puerco que solo piensa en penetradas y semen. Cierra los ojos y piensa en la palabra que escribiste, ponle un color, un sabor y el nombre de él. Por ejemplo “adyacente”, “rojo”, “salado”, “Sergio”. Bueno, ahora olvida la palabra, el color, el sabor y su nombre, olvídalo a él, confunde y yuxtapone su rostro en tu mente, haz como que no sabes de su vida, haz como que nunca lo amaste, nunca lo quisiste, haz como que no existe, condénalo a la inexistencia, sepúltalo con tu odio o con tu amor, según sea el caso y tu rencor. El rencor siempre sirve para escribir un poema despechado, el odio, odialo, él ya está con otro, ya te olvidó.

Toma la pluma, anda, rápido, escribe, lo que sea, lo que se te ocurra, mira para todos lados y cuando pienses que no hay nada que escribir solo escribe palabras, las que sean, coños toma la pluma joto de mierda, escribe, escribe, vive, articula letras, palabras sin sentido, cabron homosexual, qué esperas, que vaya y te tome de la mano y enseñarte a escribir la letra A, anda lilo de mierda, sodimita, puñal, escribe palabras, nada ni nadie puede detener tu mano caída, tu mano amanerada, esa mano que ha acariciado su sexo, esa mano que lo ha masturbado, que ha tocado sus nalgas y delimitado su ano, que le ha dado la más tierna caricia, anda, que tu mano no solo sirve para acariciar sexos, para estimular su próstata, también escribe y escribe poemas. DENTENTE. Deja la pluma, lo que has escrito es basura. Léelo. Ya ves, es basura, no tiene sentido. Entre la primer palabra que escribiste, recuerdas, y la última hay muchas más, elige una, la que quieras. Retenla en la mente junto con la que escribiste al principio. Por ejemplo “Adyacente” y “alfileres”.

Sorbe café, piensa en él ¿se merece este poema? Si tu respuesta en no, entonces no se qué chingados estás leyendo estas instrucciones. Ese cabrón te trató tan mal que no se merece que le dediques un poema.

Si tu respuesta es sí, vamos pues, sigamos con esto que ya viene el final. Ahora vamos con los verbos, ese hombre qué... te amó, te utilizó, te cogió y se fue, te despechó, te hirió, te perdió, te hizo el ser más feliz... qué te hizo él? Anda, no seas mojigato y cuéntanos. Bueno pues, guarda tu pluma, ya no la vamos a necesitar. Toma la hoja, léela por última vez, recuerda las dos palabras que elegiste, tenlas presentes. ¿ya? Ahora, sin excusa ni pretexto ni sentimentalismo maricas y baratos, rompe la hoja, ándale jota decrepita, rómpela, qué esperas, a poco crees que eso que escribiste es un poema, no chiquilla, no seas ilusa.

Paga la cuenta, levántate de la banca del parque, o según sea el caso de cada quien. Ahora sí, ya tienes dos palabras para la segunda lección de “Instrucciones para escribir un poema de amor gay”.

(por Fernando Flores ®, 2011)